
La enfermedad de complacer a los demás se contrae durante la infancia. Es transmitida de padres a hijos y hace profundamente infelices a los que la padecen. Estos enfermos viven su vida evitando confrontaciones y escapando de los conflictos. Son amables a cambio de sentirse queridos. El miedo al rechazo condiciona todas sus decisiones.
Ese verano se sentaron las dos en una terraza. La enferma empezó a hablar. La otra no esperaba que le viniera encima todo ese aluvión de críticas , resentimientos y desacuerdos antiguos que le salían a la enferma por la boca a borbotones. Su amistad había sido siempre cómoda y fácil. La enferma siempre fue amable hasta ahora. No la reconocía , por eso se levantó y se fue.
Sobre la mesa quedaron un granizado y un té caliente que la enferma había pedido a pesar del calor. Le dio un sorbo y pensó que, aunque mal dado, este podría ser un primer paso para curarse.

2 comentarios:
El final y tu último entrada me hacen demasiado sentido...
Un saludo, buen blog
Meutrier, me alegra que te guste mi blog. Al tuyo me he asomado un poco, pero como soy muy miedosa no sé si volveré a entrar.Si, es posible que alguna relación haya entre el relato miedoso y el resfriado veraniego, no sé.
Saludos.
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